Durante décadas, Las Bahamas han impulsado su economía apoyándose en el turismo y en los servicios financieros offshore, actividades que han moldeado su desarrollo. El turismo aporta una parte muy alta del producto interno bruto y de las divisas, además de sostener gran parte del empleo tanto formal como informal en las islas. Aunque esta concentración ha impulsado la prosperidad, también expone al país a vulnerabilidades que emergen ante choques externos, desastres naturales o modificaciones en la normativa internacional.
Principales riesgos de depender excesivamente del turismo
- Choques externos y cíclicos: las crisis sanitarias, las recesiones globales o las limitaciones para viajar pueden reducir de forma abrupta la llegada de visitantes. La pandemia de 2020 evidenció que una caída en la demanda internacional puede desencadenar contracciones del PIB de dos dígitos y una pérdida extensa de empleos.
- Vulnerabilidad climática y desastres naturales: huracanes de gran intensidad, el alza del nivel del mar y la erosión de las playas perjudican la infraestructura turística, los alojamientos y los puertos. En años recientes, huracanes golpearon con fuerza islas como Ábaco y Gran Bahama, generando impactos económicos y sociales de gran magnitud.
- Degradación ambiental: la disminución de los arrecifes coralinos, la contaminación en zonas costeras y la explotación excesiva de recursos marinos merman la calidad del producto turístico (buceo, pesca deportiva, playas), afectando su competitividad en el tiempo.
- Estacionalidad y empleo precario: numerosos trabajos dentro del turismo son temporales o presentan baja productividad, lo que provoca ingresos inestables para muchas familias y presión adicional sobre los servicios públicos durante los picos de actividad.
- Presión sobre servicios locales y vivienda: el turismo puede elevar el coste de alquiler, agua y alimentos, reduciendo la accesibilidad para residentes y trabajadores de la zona.
- Riesgo reputacional y regulatorio: modificaciones en normas internacionales vinculadas a la transparencia fiscal y a los servicios financieros repercuten en la segunda fuente de ingresos del país. Las políticas contra el lavado de dinero y la evasión fiscal pueden disminuir ciertos flujos financieros que complementan la economía.
- Dependencia de transportes y conectividad: interrupciones aéreas o marítimas, variaciones en el precio del combustible y cambios en las rutas influyen directamente en la llegada de turistas y en la logística de importaciones.
Ejemplos y situaciones de interés
- Huracán Dorian (2019): golpeó con fuerza a las islas del norte, dejando serios estragos en hogares, puertos y complejos hoteleros; el episodio evidenció cómo un único fenómeno puede mermar rápidamente la capacidad productiva local.
- Pandemia del coronavirus (COVID-19): las restricciones impuestas a nivel mundial detuvieron los desplazamientos y desplomaron los ingresos turísticos, forzando el cierre de numerosos negocios y la quiebra de eslabones completos dentro de las cadenas de valor del sector.
- Seychelles y los bonos azules: un referente regional en soluciones financieras para la economía oceánica: este país lanzó un instrumento de deuda destinado a impulsar la pesca responsable y la rehabilitación marina, ofreciendo un modelo viable para respaldar la economía azul.
Estrategias de diversificación: sectores con potencial
- Economía azul sostenible: desarrollo de acuicultura sostenible, cultivo de algas, biotecnología marina y servicios de investigación oceánica. Crear valor agregado a productos marinos (procesado, certificaciones) para exportar más que vender captura cruda.
- Renovables y resiliencia energética: inversión en solar, almacenamiento en baterías y microredes reduce la dependencia del diésel importado, baja costos energéticos y mejora la resiliencia ante huracanes. Proyectos comunitarios de energía colaborativa pueden beneficiar islas menores.
- Tecnologías digitales y servicios remotos: fomentar empresas de software, centros de datos regionales, servicios de externalización (BPO) y atracción de trabajadores remotos a través de visados específicos. Mejorar banda ancha y ciberseguridad es clave.
- Finanzas modernas y fintech: aprovechar la experiencia en servicios financieros para desarrollar fintech, gestión patrimonial digital y servicios de cumplimiento normativo, adaptándose a las normas internacionales para evitar sanciones.
- Agricultura local y seguridad alimentaria: promover agricultura protegida (invernaderos, hidroponía), procesamiento de alimentos y cadenas cortas para reducir importaciones y crear empleos rurales.
- Salud y educación como exportaciones: desarrollar servicios médicos especializados, formación profesional y atracción de estudiantes internacionales o programas de investigación marina y clima que generen ingresos y empleo calificado.
- Industrias creativas y cine: incentivar rodajes, festivales culturales y producción musical para diversificar ingresos y promover la marca país más allá del turismo tradicional.
- Servicios marítimos y logística: ampliar reparación de embarcaciones, servicios para yates y hubs logísticos de transbordo con normas ambientales y laborales modernas.
Herramientas financieras y normativas que impulsan la transición
- Bonos verdes y bonos azules: emisión de deuda etiquetada para proyectos de energía renovable, protección de costas y pesca sostenible; atraer inversores interesados en impacto ambiental.
- Fondos de estabilización y fideicomisos soberanos: destinar parte de ingresos del turismo y servicios financieros a un fondo que financie reconstrucción post-desastre y proyectos de diversificación.
- Seguros paramétricos y mecanismos regionales: participación en instrumentos como el esquema regional de aseguramiento contra catástrofes para obtener liquidez inmediata tras eventos extremos.
- Incentivos fiscales dirigidos: ofrecer ventajas temporales y condicionadas para inversiones en sectores no turísticos y en tecnología, vinculadas a transferencia de know‑how y creación de empleo local.
- Financiación mezclada (blended finance): combinar recursos públicos, privados y de donantes para reducir el riesgo en proyectos pioneros, por ejemplo en acuicultura o energías renovables.
Políticas públicas y capacidades institucionales necesarias
- Planificación territorial y protección ambiental: normas de uso del suelo, restauración de manglares y arrecifes, límites de capacidad turística y gestión integrada de cuencas.
- Formación y reconversión laboral: programas de capacitación en TIC, energías renovables, gestión marina y emprendimiento para facilitar la movilidad laboral entre sectores.
- Simplificación regulatoria y gobernanza: mejorar la facilidad para crear empresas, fortalecer transparencia y cumplimiento para atraer inversión de calidad.
- Infraestructura digital y logística: ampliar cobertura de internet, mejorar puertos y aeropuertos para bienes y servicios no turísticos, y desarrollar hubs tecnológicos en islas con connectivity resiliente.
- Promoción internacional y alianzas: negociar acuerdos comerciales, atraer inversión extranjera dirigida y cooperar con universidades e institutos de investigación para atraer proyectos de I+D.
Hoja de ruta práctica: corto, mediano y largo plazo
- Corto plazo (1–2 años): evaluar vulnerabilidades, crear fondos de emergencia, lanzar incentivos pilotos para energía solar y acuicultura, facilitar visados para trabajadores remotos.
- Mediano plazo (3–5 años): implementar proyectos demostrativos de agricultura protegida, ampliar la red eléctrica con microredes, diseñar marcos regulatorios para fintech y atraer inversión en centros de datos.
- Largo plazo (5–15 años): consolidar clústeres de economía azul y digital, establecer un fondo soberano con parte de excedentes, modernizar la educación técnica y lograr una matriz energética descarbonizada.
